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Latinoamérica

¿Realmente vale la pena tener una gran fiesta de fin de año en la oficina?

Federación Interamerciana de Asociaciones de gestión humana - FIDAGH

 

Por: Gene Marks - Contributor / entrepreneur.com

 

Las fiestas de fin de año son caras y son una pérdida de tiempo. Y yo sé esto porque he ido, y organizado, demasiadas cenas navideñas.

 
Hace montones de años fui a fiestas navideñas organizadas por el despacho de contabilidad para el que trabajaba. La empresa organizaba tres fiestas, una para la oficina principal y otras para sus oficinas pequeñas en la zona, y mis jefes me “recomendaban” asistir a todas. También fui a posadas organizadas por los clientes del despacho. Cuando me salí de trabajar ahí, después de casi nueve años, me tocó ir a muchas fiestas organizadas por la farmacéutica en la que trabajaba. Y cuando me salí de ahí para empezar mi propio negocio seguí yendo a fiestas de mis clientes y, aunque con muy pocas ganas, empecé a organizar un evento navideño anual (por lo general una comida o una cena) para la gente que trabajaba conmigo.
 
Así que, en retrospectiva, he ido a grandes fiestas navideñas, a reuniones pequeñas, a eventos en la oficina, cenas y comidas, todas relacionadas a algún tipo de festividad navideña corporativa. ¿Y sabe qué? Ninguna valió la pena. ¿Por qué?
 
Para empezar, nadie quiere estar ahí realmente. Trabajamos todos los días con esta gente y ahora ¿nos obligan a convivir fuera del horario laboral? En mi caso, si quisiera convivir con mis compañeros, preferiría hacerlo en mi tiempo libre. Los esposos y parejas (si es que son requeridos) tampoco quieren estar ahí. No conocen a nadie y luego luego empiezan a sospechar de ese compañero guapo o guapa que nunca has mencionado pero que te saluda con demasiado entusiasmo.
 
La comida suele estar bien y a todo el mundo le gusta la barra libre. Pero luego están los que no saben tomar y dicen cosas que pueden arruinar sus carreras, cosas que jamás deberían decirse en un ambiente profesional. Y no nos olvidemos de la complicación que implicaría que alguien que ha estado bebiendo en tu fiesta corporativa se suba a su coche y atropelle a un perrito… o algo peor.
 
Y claro, está la parte del costo.
 
Algunas empresas grandes invierten miles de pesos en sus fiestas navideñas. Las empresas pequeñas como la mía gastan menos, pero de todos modos tienen que hacer un gasto considerable para ser una pyme. Por alguna razón desconocida, los eventos suelen ser en lugares complicados, en los que la gente tiene que lidiar con el tráfico, pagar estacionamiento y luego caminar muchísimo para llegar a un lugar donde beberán y comerán en exceso.
 
¿Qué pasaría si todos los dueños de negocios y directivos de empresas medianas y grandes a lo largo del país nos organizáramos para no tener una fiesta navideña y mejor donáramos el dinero para comprar comida a la gente necesitada? ¿O compráramos libros para los niños? ¿O regaláramos el dinero a la caridad para ayudar a los poco privilegiados? ¿No sería eso algo más coherente con el espíritu de la época?
 
Pero no… en lugar de eso, las corporaciones desperdician dinero en eventos que pocos disfrutan y que no traen beneficios a largo plazo, más allá de una historia divertida de Juan el de conta y el momento en el que toda la empresa se enteró de que tenía un lunar en el trasero. Así que, ¿cuál sería la alternativa? Aquí te dejo algunas que estoy considerando.
 
Estoy pensando en escribir una nota de agradecimiento personal a cada empleado. Puede que aumente un poco los aguinaldos. Sin duda enviaré chocolates a ciertos clientes clave para darles las gracias. Entregaré algunas tarjetas navideñas a algunas personas seleccionadas y les diré que en lugar de obligarlos a ir a una fiesta de oficina, les invitaré una cena para dos con su pareja. Planeo dar un día libre en diciembre (o tal vez en enero) para que la gente tenga más tiempo para estar con sus familias. Y definitivamente usaré el dinero que no gaste en la fiesta navideña para donarlo a una fundación local.
 
Estoy considerando todas estas cosas este año. Para mi, esto significa mucho más que una estúpida fiesta navideña. Nadie va a renunciar porque no les haga una fiesta, y puede que algunos incluso se vuelvan más leales.